Carnavales de España

Guía de carnavales de España: las citas imprescindibles ordenadas por proximidad, con fechas y consejos.

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Carnavales: la España que se ríe de sí misma

Del ingenio afilado de las chirigotas de Cádiz a las plumas y galas de Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas —los dos grandes carnavales atlánticos—, pasando por la fiesta mediterránea de Sitges y el desborde popular de Badajoz, el carnaval español tiene tantas caras como acentos. Las fechas las dicta la Cuaresma: casi siempre febrero, a veces enero o marzo.

Y antes de todos ellos, los carnavales ancestrales: en Ituren y Zubieta, los joaldunak recorren los caseríos navarros a finales de enero con sus cencerros y sus lanas, celebrando un rito anterior a cualquier calendario litúrgico. Quien quiera entender de dónde viene el carnaval, que empiece por ahí.

La mecánica interna varía más de lo que parece: en Cádiz el corazón es un concurso —el del Gran Teatro Falla, que la ciudad sigue durante semanas como una competición deportiva— y la calle es su desbordamiento natural; en Canarias el eje son las galas y los desfiles, con murgas y comparsas ensayando el año entero; en Badajoz mandan los grupos y sus artefactos; y en Sitges, las rúas nocturnas del domingo y el martes. Saber qué se va a ver ahorra decepciones y multiplica el disfrute.

Dos apuntes prácticos: las fechas dependen de la Cuaresma y cambian cada año (cada ficha recoge las de la próxima edición), y los fines de semana grandes exigen reservar pronto — especialmente en las islas, donde el carnaval coincide con la temporada alta turística. El disfraz, en todos los casos, no es atrezzo: es la entrada.

Y conviene no olvidar los rituales de cierre, que son medio carnaval: el entierro de la sardina —con versiones tan espectaculares como la chicharrera o la gaditana— pone el broche paródico de luto y llanto fingido que resume el espíritu del género: reírse de todo, incluida la propia fiesta.

Para elegir destino carnavalero basta una pregunta: ¿qué quieres hacer tú? Escuchar y reír, Cádiz; ver el mayor espectáculo posible, Canarias; bailar sin parar, Badajoz o Sitges; tocar la raíz del rito, los valles navarros. No hay respuesta mala — solo febreros distintos.

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